Publica: Administrador · Fuente: El país"Echando la vista atrás, me doy cuenta que estuve ahí, en el comienzo de algo especial, era como un historiador. Había honestidad en mi trabajo, del que me siento orgulloso. Me siento bien cuando pienso que realmente he capturado algo alucinante”. El fotógrafo Jim Marshall, fallecido ayer a los 74 años en un hotel de Nueva York, confesó estas palabras al editor de la revista Rolling Stone, Jason Fine. Ciertamente, Marshall, con su inseparable cámara, estuvo en mitad de todo el estallido. El rock tiene que agradecerle su brillante capacidad para captar la esencia, el sabor de la eclosión de la música que rompió las barreras convencionales y raciales de la sociedad occidental y dio forma a la cultura juvenil.
Durante medio siglo, la mirada de Marshall, nacido en Chicago en 1936, fue la mirada más apasionante del rock, cuando la imagen en todo su esplendor ayudó a definir el sonido de la calle. Comenzó en 1959 cuando la primera ola del rock había pasado por encima de la sociedad bienpensante de Estados Unidos. Pronto, se subió a esa cresta. Fue fotógrafo oficial del legendario festival de Woodstock en 1969 y tuvo acceso a todo tipo de artistas como los Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan, los Who, Miles Davis, Ray Charles o Led Zeppelin, entre otros muchos. Además, era el fotógrafo preferido de Janis Joplin. Se le atribuyen más de 500 carátulas de álbumes.
Con las puertas del rock abiertas de par en par, Marshall retrató sus días de gloria. De él son imágenes inolvidables, como aquella fechada en 1969 en la que Johnny Cash muestra en la prisión de San Quintin su dedo corazón bien alto, repleto de rabia, definiendo en una fotografía la actitud desafiante, forajida e independiente del hombre de negro. ¿Se podría entender a Johnny Cash sin esa imagen? Seguramente, no sería lo mismo. Y así con tantas.
Otra instantánea inmortal mostraba a Jimi Hendrix quemando su guitarra en el Festival de Monterrey en 1967. Aquel fuego, con Hendrix de rodillas, daba el significado místico al mejor guitarrista de la historia. Otros momentos gloriosos sirvieron para impulsar la imagen näif del jovencísimo Bob Dylan en el Festival de Newport o junto a Joan Baez, o estar en la famosa gira de Greatful Dead con sus experimentos con LSD.
Son imágenes de vital importancia en el imaginario colectivo, como lo puedan ser las canciones de Elvis Presley o los Rolling Stones. Porque en el amplio espectro de la música popular la fotografía rock es una categoría en sí misma. Y, sin lugar a dudas, Marshall era una de las grandes estrellas del género, capaz de transmitir, e incluso superar, la fuerza innata del fenómeno cultural. Sus fotografías eran retratos de un mundo cambiante, instantáneas cargadas de movimiento, repletas de vitalidad. Dice el jefe de Rolling Stone, revista para la que el fotógrafo trabajó, que Marshall era “un tío intenso, volátil, impredecible, divertidísimo, algo exasperante, pero siempre encantador y increíblemente generoso”. Vamos, como sus grandiosas fotografías.