Publica: Administrador · Fuente: PúblicoNapoleón quiso conquistar toda Europa. Stanley Kubrick se planteó un desafío que no era menor: llevar la vida del emperador francés a la pantalla con un grado obsesivo de verosimilitud. El proyecto ocupó años de su vida en un trabajo gigantesco que acabó como los sueños imperiales del corso. Las tropas francesas se vieron frenadas por el general Invierno en Rusia. Las de Kubrick encallaron ante los problemas económicos de Metro Goldwyn Mayer. La arrogancia sólo es un pecado de los grandes.
Fue la mayor película jamás realizada. Con ese título, la editorial Taschen ha publicado una edición tan exagerada como el propio filme: un libro-caja que contiene siete libros y tres folletos (1.900 páginas al homérico precio de 500 euros). Ahí está una parte del mayor archivo privado que existe en el mundo sobre Napoleón, reunido por Kubrick y conservado en su casa inglesa de St. Albans.
¿Por qué se embarcó Kubrick en esa aventura? "Para empezar, me fascina", dijo en 1969, dos años después de que empezara la preproducción. "Se ha descrito su vida como un épico poema de acción. Fue uno de esos raros hombres que cambian la historia y que moldean el destino de su tiempo y de generaciones posteriores".
No buscaba hacer un alegato antibélico como en Senderos de gloria o una descripción realista de la guerra como en La chaqueta metálica. Kubrick estaba impresionado por el personaje. Su productor, Jan Harlan, explica en el libro que Napoleón le interesaba porque representaba lo mejor y lo peor del ser humano: "Lo veía como un líder carismático de gran talento, idolatrado y genuinamente amado, pero que a causa de su arrogancia causó su propio hundimiento".
En definitiva, esa figura es coherente con la obra de Kubrick, escribe Harlan. Una de las ideas básicas de su filmografía es expresar que "son las emociones las que nos dirigen". Pensar que es la razón la que nos gobierna es una ilusión vacía.