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El secreto mejor guardado de los Rolling Stones
Publica: Administrador · Fuente: Público
"Mi función principal en aquel momento era liar porros". Quién habla es Jake Weber y su recuerdo no tendría mayor trascendencia de no ser porque "en aquel momento" tenía ocho años. Este es uno de los muchos testimonios que recoge Stones in exile, un documental sobre la escandalosa grabación en 1971 del disco Exile on Main St., que será estrenado en Cannes la próxima semana. El mítico eslogan Sexo, drogas y rock and roll se hizo realidad en el verano de aquel año en un pueblo del sur de Francia, donde los Rolling Stones gestaron el que muchos denominan el mejor álbum de rock and roll de la historia.

Jake Weber, hoy en día un reconocido actor de Hollywood, era uno de los niños que correteaban por Villa Nellcôte, la majestuosa mansión que Keith Richards había alquilado en Villefranche-sur-Mer. Era el hijo de Tommy Weber, un amigo íntimo de Richards descrito en el documental como "piloto de carreras, camello y aventurero". No sería el único traficante en visitar la casa entre abril y octubre, los meses de gestación del álbum.

El resto de los Rolling se repartía por diferentes palacetes de la Costa Azul francesa, donde habían ido a parar tras salir huyendo de Inglaterra por sus deudas con el fisco. Su manager se había aprovechado de ellos y sus cuentas bancarias rozaban los números rojos, lo que no les impidió vivir un exilio propio de la jet set, subidos en la montaña rusa del exceso y la extravagancia y rodeados de paparazzi y narcotraficantes. "En la casa siempre había gente. Entraba un tipo en el salón y ponía sobre la mesa dos grandes bolsas de heroína. Había drogas para desayunar, para comer y para cenar", dice en Stones in exile Anita Pallenberg, novia de Richards, que llegó a inyectarle heroína a la hija del chef, según cuenta la biografía de Stephen Davies Los viejos dioses nunca mueren (Ma Non Troppo).

Stones in exile profundiza en el trabajo del grupo en aquel sótano (con más fotografías que metraje, eso sí). La grabación fue un caos absoluto de resultado impredecible: lo mismo podía salir un desastre o una obra maestra. Finalmente fue esto último. "Se grababa a cualquier hora del día, sin previo aviso. Si se empezaba a las once de la noche, nos podíamos tirar 12 horas. Por eso había que vivir allí", explica Watts, que dormía debajo de la habitación de Richards.

La banda llegó a la Costa Azul con los bolsillos vacíos y poco a poco fueron escribiendo y registrando las 18 canciones de Exile on Main St., su primer álbum doble. Al frente de la grabación estaba Richards, que estableció su propio método de trabajo (o mejor dicho, la ausencia de él), lo que proporcionó al disco un sonido crudo y excitante que llevaba el blues, el rock y el country a extremos salvajes.
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