Publica: Administrador · Fuente: neoteoSi hay algo que caracteriza a los cristales de hielo que componen los copos de nieve, es la variedad de su forma. A pesar de que -en general- todos tienen una simetría hexagonal, es prácticamente imposible encontrar dos iguales ¿Por qué ocurre esto, si se forman dentro de una misma nube, sometida a las mismas condiciones atmosféricas? El secreto está, como sabemos actualmente, en la temperatura y la supersaturación del vapor de agua en el momento en que los cristales se desarrollan. El cristal comienza a crecer alrededor de una pequeña impureza química -generalmente el polvo que se encuentra flotando en la atmósfera- en el aire. La estructura molecular del cristal de hielo es extremadamente sensible a los factores ambientales mencionados, y pequeñas variaciones en algunos de esos parámetros dan como resultado cristales completamente diferentes. Hoy creemos comprender los principios físicos que gobiernan su desarrollo, aunque seguimos siendo incapaces de predecir con algún grado de certeza cuál será la forma exacta de un cristal de nieve.
Ukichiro Nakaya creó el primer copo de nieve artificial hace casi 80 años, después de haber realizado uno de los estudios más completos sobre cristales de hielo. Además, Nakaya fotografió una gran cantidad de cristales de nieve, catalogando sus distintos tipos. Sus observaciones se resumen hoy en un diagrama morfológico de los cristales, que predice sus formas en función de variables como la temperatura y la humedad.
La gente -y en especial los científicos- se han sentido atraídos por la forma de los cristales de hielo que conforman los copos desde prácticamente la primera vez que un humano vio nevar. Es muy posible que el primer científico que haya abordado metódicamente este problema haya sido Johannes Kepler, que en 1611 escribió el primer tratado “serio” dedicado a la morfología de los cristales de nieve de que se tenga noticia. René Descartes también se preocupó por esta cuestión y -luego de una larga investigación- hizo público en 1637 en su tratado sobre los fenómenos meteorológicos: “Les Météores.” Pero estos estudios se limitaron a describir la variedad de cristales existentes, sin lograr explicar su origen. Hubo que esperar decenas y décadas de años, hasta finales del siglo XIX, cuando la invención de la fotografía permitió realizar un análisis más profundo de los cristales de hielo. Así fue como Wilson Bentley pudo crear un catalogo de más de 5000 formas y publicó la mayor parte de ellas en un libro editado en 1931. Es posible que la belleza de las imágenes de capturadas por Bentley sean las responsables de que los cristales de nieve se hayan convertido en un verdadero icono del invierno. Finalmente, y luego de intentarlo durante siglos, la humanidad estaba a punto de comprender cómo se formaban estos cristales.